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Luces y sombras del sector financiero y la digitalización

La capilaridad de la tecnología y la innovación está demostrada con creces, en un momento en el que el mundo es digital y en el que las tendencias, los riesgos y las ventajas evolucionan a tal velocidad que apenas hay tiempo para anticiparse a cualquier cambio. La aparición de nuevos players, con propuestas cada vez más disruptivas, y la creciente transformación digital son el presente y las tecnologías como el blockchain, las nuevas formas de consumo y la creciente ciberseguridad suponen oportunidades de negocio de un mercado cada vez más segmentado.

Así, la aparición de nuevas necesidades ha dado lugar a la aparición de players cada vez más variados, que ofrecen soluciones concretas y orientadas a fines muy específicos. Los bancos tradicionales buscan ganar la partida de un juego digital, apostando por su oferta habitual en plataformas digitales, spin off 100% digitales o manteniendo su negocio tradicional.

Por otro lado, las Fintech buscan su hueco en un mercado sin límites, en el que hay espacio para cualquier tipo de especialización y en el que es posible mejorar la oferta de la banca tradicional. Transferencias instantáneas, ubicuas y en cualquier divisa, inversión personalizada e incluso obtención de rentabilidad en nuevas plataformas o formatos, como el gaming, la tokenización, economía colaborativa o criptomonedas, es posible disponer de servicios específicos de forma gratuita, rápida y sencilla gracias a las Fintech.

En cualquiera de los modelos de negocio que afronta la banca y el sector financiero, la clave reside en la aplicación de tecnologías que permitan hacer que el recorrido del cliente sea fluido y sencillo y que las operaciones realizadas están respaldadas por herramientas que certifiquen la seguridad de estas.

La calidad de la digitalización eficaz ofrece resultados de valor en el proceso de onboarding del cliente, un proceso que implica la anticipación y previsión del comportamiento del usuario conocido como la biometría del comportamiento, que no sólo supone un ahorro en los costes, sino que permite que el customer journey sea un pequeño tobogán y no una montaña rusa.

Respecto a la seguridad de los procesos, el concepto más conocido es el blockchain, una tecnología que, gracias a su potencia, está en boca de todos, pero que se ha convertido en El Dorado de esta década. La falta de escalabilidad y de interconectividad entre sistemas públicos y privados, junto con la incertidumbre regulatoria, no han hecho sino enlentecer la aplicación real de esta tecnología, que por el momento ve limitada el número de operaciones por segundo y sigue generando expectativas.

No es el caso de la ciberseguridad, un elemento de vital importancia que comprende la protección de los activos a cualquier precio y que engloba amenazas dinámicas a las que se destinan millones de euros. La anticipación se mantiene como esencial y destinar recursos para su desarrollo como fundamental, hasta el punto en el que la banca y los servicios financieros están integrando la ciberseguridad dentro de su cartera de productos y servicios.

Está claro que el sector financiero necesita afrontar una serie de grandes retos e invertir en los recursos necesarios para atajar las grandes tendencias digitales, especialmente la banca tradicional. Sólo así se podrá ofrecer un servicio de calidad y excelente a todos los niveles, en un mundo que en 2020 contará con 33 billones de dispositivos con acceso a internet y que demandará solución personalizada a cada vez más necesidades.