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La lucha contra el fraude es un combate sin fin

En cada uno de los últimos eventos relacionados al fraude a los que hemos asistido hemos podido observar que todavía quedan fraudes que ya se veían hace 20 años. Pero últimamente, todas las empresas experimentan una pelea especial debido a su transformación digital.

En el terreno del fraude, esta transformación cambia los parámetros del combate: que son el campo y las reglas de la batalla, los adversarios y fuerzas en presencia, pero también las armas.

El campo de batalla es un océano de datos e informaciones con nuevas reglas de navegación.

Estamos en una época donde los datos son el nuevo oro negro, con cantidades colosales de datos robados en circulación. Hay tantos que ya no se puede confiar en las identidades que declaran los clientes.

Ahora las empresas tienen que luchar en un marco reglamentario complejo y exigente que implica costes y riesgos que no todas las empresas pueden entender o anticipar. Los dos grandes ejemplos son el RGPD y la DSP2.

¿Quién conoce las consecuencias del RGPD en cuanto a las multas aplicables? Y quienes las conoce, ¿cómo se organizan para proteger los datos, detectar las filtraciones e informar a las personas cuando el caso se presenta?

¿Quién sabe que con la DSP2, que entrará en vigor dentro de 2 años, las tiendas online no podrán dar la opción al cliente de acogerse o no a un sistema de autentificación exigente ya que quien lo decidirá será el propio banco del cliente? Y ¿quién es consciente de las oportunidades de los nuevos actores que la DSP2 fomenta en cuanto a la lucha contra el fraude?

Los responsables de la lucha contra el fraude tienen que enfrentarse a adversarios que ya no son los mismos.

Los adversarios de siempre son los típicos estafadores. Pero en la actualidad han cambiado de naturaleza y se han convertido en ingenieros capaces de producir ataques de manera industrial. No tienen fronteras ni tampoco regulaciones.

Pero hay otros inconvenientes que provienen del interior de las organizaciones. Este nuevo mundo digital está creando nuevos modelos de negocio que se desarrollan sin barreras y a menudo sin tomar en cuenta las exigencias que impone la lucha contra el fraude. La experiencia del cliente también pone bajo presión las medidas anti-fraude que son vistas como obstáculos inútiles.

Las armas clásicas ya no son eficaces y una disrupción parece necesaria.

Hoy no podemos pensar que sea razonable proteger datos de clientes detrás de una puerta que se pueda abrir simplemente con log-in y contraseña. Y para los que pensaban que es suficiente hacer una autenticación fuerte con OTP por sms, les recordamos que hoy se conocen por lo menos tres métodos distintos para interceptar los sms: SIM SWAP, vulnerabilidad del protocolo SS7, portabilidad fraudulenta de número.

En el mismo sentido, con las evoluciones del fraude, las empresas no pueden contar con sistemas que detectan los posibles fraudes con un día de retraso, o que generen grandes cantidades de alarmas.

Digámoslo claramente: la edad de piedra no se acabó por falta de piedras, ni tampoco porque las piedras habían dejado de funcionar. Lo que paso simplemente es que el hierro resultaba más cómodo, más ligero y más eficaz.

De la misma manera, los retos del fraude en la era digital solo se pueden enfrentar con soluciones de la era digital. Herramientas que utilicen las tecnologías más avanzadas y permitan lograr una visión equilibrada del fraude, cercanas al tiempo real para ser totalmente eficaces, y que concilien ventas, experiencia del cliente y reducción del fraude.

Soluciones adaptadas a esta época digital basadas en capacidades de analítica avanzadas, impregnadas de un espíritu digital que permita que se implementen de manera ágil, sencilla y rápida. Ese espíritu digital es el que tratamos de proponer a nuestros clientes cada día a través de nuestras soluciones de lucha contra el fraude.